«EL USO DE PLASMA DE CONVALECIENTES AYUDARÍA A RESCATAR AL ENFERMO CON COVID-19 DE LAS CONDICIONES SEVERAS”

Así lo afirma Laura Bover, científica argentina que lidera un laboratorio en el M.D. Anderson Cancer Center de Houston, en Estados Unidos. Con un equipo de más de 100 profesionales argentinos, desarrolló lineamientos para protocolos para utilizar el plasma de pacientes recuperados en el tratamiento de casos severos de COVID-19 en centros médicos. Hasta ahora más de 90 pacientes han recibido ese tratamiento en nuestro país.

Laura Bover, científica argentina radicada en Estados Unidos, convocó un equipo constituido, al día de hoy, por más de 100 profesionales, 90% de los cuales residen en Argentina, miembros del CONICET y médicos de hospitales públicos y privados, para redactar y dar acceso público a los lineamientos que sirvieron de base para la elaboración de protocolos de utilización de plasma de pacientes recuperados de COVID-19 en el tratamiento de casos severos.

El 29 de marzo Laura Bover, científica argentina radicada en Estados Unidos, convocó un equipo constituido, al día de hoy, por más de 100 profesionales, 90% de los cuales residen en Argentina, miembros del CONICET y médicos de hospitales públicos y privados. Dicho grupo, autodenominado CPC-19 (Convalescent Plasma COVID-19), redactó e hizo de acceso público los lineamientos que sirvieron de base para la elaboración de protocolos de utilización de plasma de pacientes recuperados de COVID-19 en el tratamiento de enfermos severos en centros médicos.

El pasado viernes 15 de mayo se dio a conocer la primera transfusión de plasma de convaleciente para uso terapéutico realizada en Argentina. Un paciente grave con COVID-19 en el conurbano bonaerense, recibió el plasma de un convaleciente (paciente recuperado). El protocolo clínico se basó en parte en los lineamientos publicados en el sitio web  del grupo CPC-19, coordinado por Laura Bover, doctorada en la Fundación Campomar –hoy Fundación Instituto Leloir (FIL) –, donde trabajó desde 1983 hasta 2002 en inmunoterapia contra el cáncer (vacunas y anticuerpos monoclonales).

El paciente mencionado, tratado en el Hospital Abete de Malvinas Argentinas, Provincia de Buenos Aires, fue incluido en un protocolo liderado por el doctor Luis Cantaluppi, autorizado para su uso por el Comité de Ética del Hospital y por el Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires. Se calcula que en Argentina más de 90 pacientes han recibido ese tratamiento en diferentes centros médicos. Dichos pacientes mostraron mejoría, asociándose la misma a la condición del enfermo al momento de recibir el plasma, es decir, en los casos menos severos, la recuperación fue más rápida y la viremia (cantidad de virus en la sangre) disminuyó en todos los casos drásticamente. Se espera alcanzar los 100 pacientes este próximo fin de semana.

De acuerdo con ClinicalTrials.gov, una base de datos de estudios clínicos financiados con fondos públicos y privados realizados en todo el mundo, a nivel global se están realizando 105 estudios diferentes, un número creciente día a día, utilizando plasma de convaleciente para enfermos de COVID-19.

“Mientras no existan drogas efectivas para combatir el COVID-19 ni una vacuna para prevenirlo, la transfusión de plasma de convaleciente, con alto título de anticuerpos neutralizantes, a pacientes en estado crítico y que no responden a otros tratamientos, podría ser una alternativa terapéutica válida”, afirmó Bover, investigadora de la Universidad de Texas, M.D. Anderson Cancer Center de Houston (Texas, Estados Unidos).

Estados Unidos ya lleva más de 18.000 pacientes severos tratados con plasma de convalecientes, bajo el protocolo de acceso expandido liderado por Clínica Mayo. Básicamente, esto se refiere a un protocolo de uso compasivo que pasa de ser un tratamiento en pacientes y centros médicos individuales a estar coordinado bajo el “paraguas” de una institución que abarca numerosos centros de todo el país.

Bover fue investigadora del CONICET entre 1979 y 2002 y, en Houston dirige un laboratorio donde ha desarrollado más de 350 anticuerpos monoclonales para investigación básica, translacional y clínica. Algunos de esos anticuerpos han sido licenciados a empresas farmacéuticas y se hallan en ensayos clinicos de Fase 1.

En una entrevista con la Agencia CyTA-Leloir, Bover describe diferentes detalles sobre el proyecto que lidera para promover la extracción de plasma sanguíneo de pacientes recuperados y su uso terapéutico en pacientes enfermos de COVID-19.

-¿En qué consisten exactamente los lineamientos de los protocolos que desarrollaron?

Los documentos incluidos son de dos tipos. Por un lado están los lineamientos que detallan los pasos para realizar la extracción de plasma sanguíneo que el paciente de COVID-19 recuperado dona.  Este es un proceso muy similar a la donación de sangre, pero en este caso se utiliza una máquina (de aféresis) que realiza la extracción de sangre, separa el plasma (parte líquida de la sangre, de color amarillo) y devuelve al donante los glóbulos rojos, blancos y plaquetas en solución fisiológica. Con la donación de plasma de un paciente recuperado que concentra anticuerpos neutralizantes contra el nuevo coronavirus (SARS-Cov-2) se pueden tratar alrededor de tres pacientes severos. Los servicios de hemoterapia de los hospitales suelen adaptar sus propios protocolos existentes a las especificaciones requeridas para el plasma de convalecientes de COVID-19. El segundo documento contiene lineamientos que proveen los procedimientos a realizar en la transfusión del plasma a los pacientes severos, incluyendo a aquellos que se encuentran en terapia intensiva con o sin respirador (uso compasivo/ acceso expandido).

-Los documentos sobre lineamientos para  estos protocolos fueron completados durante el mes de abril y subidos a una página web de acceso libre con el propósito de instruir y proveer a científicos y médicos, una herramienta que les facilitara la redacción de sus propios protocolos adaptados a las  normativas del país. ¿Cómo surgió esta idea?

Quisimos desarrollar de manera altruista, desinteresada y ad-honorem una herramienta que fuera útil para Argentina y otros países de habla hispana. Nos basamos para elaborarlos en los protocolos que el doctor Arturo Casadevall, médico e investigador del Johns Hopkins Institute de Baltimore, Estados Unidos, hizo públicos en el sitio web de su institución. Nuestro propósito fue similar al traducirlos y adaptarlos a nuestra realidad y la de muchos otros países latinoamericanos. También nos basamos en el protocolo de “acceso expandido” (es la “expansión” del protocolo de uso compasivo, que aplica a cada paciente individualmente, a su aplicación a nivel nacional) establecido por la Clínica Mayo y aprobado por la FDA. Cada centro médico debe adaptar el protocolo a su contexto e iniciarlo con la aprobación de los comités de ética institucionales, las autoridades regulatorias correspondientes y su registro posterior en la Dirección de Sangre y Medicina Transfusional (DISAMET), dependiente del Ministerio de Salud de la Nación. Otros países como Bolivia, Uruguay y Colombia han accedido a los mismos y tratamos de ayudarlos para su implementación. La última semana tuvimos una excelente noticia: el DISAMET difundió el protocolo de acceso extensivo (o expandido por la traducción textual del inglés)  para su implementación en los hospitales argentinos. Creemos que algo tuvimos que ver, movilizando la opinión pública y haciendo conocer esta opción en una pandemia de la que todos estamos aprendiendo.

-¿El plasma de todos los pacientes recuperados tiene potencial terapéutico?

No. Se deben seleccionar aquellos que tengan una adecuada concentración de anticuerpos que además tengan capacidad neutralizante para el nuevo coronavirus. Precisamente, el test serológico “COVIDAR IgG” aprobado por ANMAT y desarrollado por Andrea Gamarnik y equipo en el Instituto Leloir sirve para medir la cantidad de anticuerpos específicos contra el virus que tiene un plasma. Esto es importante en el momento de seleccionar plasmas de personas recuperadas con mayor cantidad de anticuerpos que podrán ser empleados para terapias. Una vez obtenido el plasma, nuestros lineamientos sugieren el modo seguro y apropiado para transfundirlo (aplicarlo) a los pacientes. El uso de plasma de convaleciente es una terapia experimental que hay que probar con cautela, pero por antecedentes e historial, es eficaz y de baja toxicidad. Y puede impedir que el enfermo evolucione negativamente hacia una situación de gran riesgo para su vida.

-¿Cuál es el origen de este tratamiento?

La idea de utilizar plasma rico en anticuerpos de pacientes recuperados en enfermos de la misma patología es antigua, se utiliza desde fines del siglo XIX. El investigador alemán Emil von Behring recibió el Premio Nobel de Medicina de 1901 por tratar y curar niños enfermos de difteria, en ese caso con suero de animales inmunizados con toxina diftérica. También se aplicó para el síndrome respiratorio agudo grave (SARS-CoV-1) en 2003,  durante la pandemia de gripe A (H1N1) de 2009-2010, para el ébola, para la poliomielitis, y el doctor Julio Maiztegui  lo utilizó en Argentina en la década de 1970 con eficacia para el virus Junín de fiebre hemorrágica, reduciendo la mortalidad del 16-30% al 1% en los pacientes enfermos que recibieron plasma de los pacientes convalecientes.

-¿Qué expectativas tiene respecto de este proyecto?

Nuestra misión estará cumplida en tanto al menos un paciente se haya recuperado luego de recibir el plasma en esta alternativa terapéutica. Como suelo decir, es mejor no tener la necesidad de usar el plasma, porque significará que ningún paciente ha alcanzado un estado de gravedad, pero si ese momento llega, tener todo preparado sin demora para su aplicación, facilitará el éxito del resultado. Como nos ocurre en Houston cada año cuando llega la época de huracanes, todo está listo para evacuar, para la inundación o para la fuerza del viento, pero si el huracán no viene, mejor.

Fuente: Agencia CyTA-Instituto Leloir